Saturday, November 18, 2017

El pasaporte

Tres meses después de su nacimiento, mi compañera y yo fuimos con nuestra nene a España, a Torremolinos, el 23 de noviembre del año 1985.

Teníamos la costumbre de pasar en invierno una o dos semanas en Andalucía para cargar la batería. Trabajamos harto el resto del año y siempre estábamos un poco cansados en invierno. La luz holandesa puede ser linda para pintores y cineastas, pero lo que necesitábamos era luz clara, cielo despejado y sol, no esos días grises típicos de Holanda en invierno.

En aquel entonces yo solía buscar a último momento, una hora antes de la salida, la poca ropa que necesitaba y ponerlas rápidamente en una mochila o bolso. Esta vez, con nuestra nene de tres meses, además tenía la tarea (en conjunto con mi esposa), de buscar las cosas necesarias para nuestra nene. Tampoco era mucho lío. Éramos personas sencillas que no necesitan mucho. Nada de mascara, nada de pinta de labios o lo que sea para que mi compañera sea bella, y nada de lentes o anteojos o gafas de protección contra el sol, ni sombrero nostálgico o calcetines de moda para mí.
Llegamos un poco tarde y estresado al aeropuerto, con nuestro equipaje cómodamente en el carrito de nene. How handy!

Chequeó de pasaportes. Todo en orden, felizmente.
"Y su nene?" me preguntó con voz severa el aduanero, poco tiempo antes de que saliera el avión de Amsterdam a Málaga.
Le miré perplejo.
"No le entiendo," le dije con voz vacilante.
"El nene que Usted lleva delante de su pecho," me dijo, apuntando con su dedo índice a mi hija de tres meses que estaba colgada delante de mi pecho en un 'draagzak' (bolso para llevar niños pequeños de menos de un año). "Donde está su carnet de identidad? Su nombre no está en su pasaporte y tampoco está en el de su esposa."
Como un relámpago pasó por mi cabeza de que no nos habíamos dado cuenta de que ella ya era considerada como una persona independiente que necesita carnet de identidad. Ella era todavía tan parte integral de nosotros, en plena armonía con nosotros, nuestra querida hija de tres meses. Tan pequeña y ya necesitaba carnet de identidad...

El único remedio era que dejamos hacer un carnet de identidad para ella. Felizmente, un servicio especial de carnet de último momento en el aeropuerto pudo proveernos el documento requerido en pocos minutos.

Debo tener ese documento de nuestra hija de tres meses en algún rincón de mi sala de estudios. Pero donde?

PD: Encontré el documento en un cuaderno, firmado por "de opperwachtmeester", entonces ese servicio especial es o era de la aduana holandesa. Existe todavía?

4 Comments:

Blogger Isabel said...

Entrañable, Giovanni, y hermoso.
Abrazos.

2:54 AM  
Blogger giovanni said...

Dos nenes, Isabel.
Un abrazo

12:58 AM  
Blogger Andandos said...

Me ha gustado la historia. En general todos los lugares multitudinarios y burocráticos deberían de tener servicios especiales para las personas con hijos (o nietos) pequeños. Suelen ser hostiles a las personas con niños, aunque digan lo contrario. En fin, que me ha gustado y es una historia que seguramente se ha repetido otras veces.

Un abrazo

Debo mirar mi pasaporte, ahora que lo recuerdo, aunque en Italia no se necesita.

1:49 AM  
Blogger giovanni said...

José Luis, siempre he sido en contra del pasaporte, me encantaría viajar "sin papeles", la tierra es de todos. No es posible, dicen, pero por qué es posible para los ricos? Para ellos no hay fronteras o si las hay (casi) siempre pueden pasar.

Un abrazo

10:37 PM  

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