Tuesday, December 13, 2011

Piazza Vanvitelli - continuación 2

El abuelo de Claudio es un hombre alto, tranquilo, con pelo gris rizado en las sienes, una voz profunda y sonora y una mirada ligeramente burlona. Tiene un trabajo exigente en La Haya, y cuando llega a casa, por lo general se va a su cuarto de trabajo. Tienes que llamar a la puerta si quieres entrar, pero Claudio no lo hace y a su abuelo no parece importarle. Los niños de los vecinos le tienen un poco de miedo, pero Claudio no.

A veces se oye música de la habitación de su abuelo, una orquesta y encima de ella una agradable voz masculina de tenor. Cuando Claudio entra en la habitación de puntillas, ve a su abuelo en el sofá, bajo la vidriera, con los ojos cerrados, escuchando el gramófono a su lado. Él cree que su abuelo se ve diferente: más joven y menos gentil. Más tarde se entera de que a su abuelo le encantaba escuchar en su cuarto de trabajo canciones napolitanas cantadas por Enrico Caruso.

Poco antes de la Primera Guerra Mundial su abuelo se casó con Elena, la hija de un médico italiano de Nápoles. Tuvieron seis hijos. Elena murió durante la Segunda Guerra Mundial y aunque el abuelo de Claudio seguía pensando mucho en ella un año más tarde se volvió a casar con una amiga de Elena, una ex maestra de ballet. Claudio no veía la maestra de ballet como su abuela y encontraba que ella tenía una voz extraña. Ella le había sentado una vez en su regazo y él se sintió incómodo. Su nombre era Enriqueta, pero fue llamada tía Etta.

Delante de la casa blanca tía Etta está esperando la llegada del coche y cuando lo ve venir saluda a los niños. Claudio baja primero del coche, abre la puerta a su hermana y le toma la mano. Tía Etta se acerca y le pregunta a la niña: "Quieres darme la otra mano?"

Mientras el abuelo de Claudio pone el Buick en el garaje, los dos niños van a la cocina con tía Etta, donde dos vasos de limonada les espera, uno con una pajita de color azul y otro con una pajita de color rojo. Claudio elige el vaso con la pajita roja y chupa la limonada en pequeños sorbos.

PS: He cambiado el título de la novela en "El círculo". Qué les parece?

10 Comments:

Blogger Aquí me quedaré... said...

Pues...no me gusta. Lo siento.No dice nada.

Debe ser por los años que lleva con el nombre anterior.

Si le gusta a usted y supongo que algún motivo habrá para ello, no hay más que añadir.

Un abrazo

3:37 AM  
Blogger giovanni said...

Sabiendo más o menos (más bien menos que más creo) o intuyéndolo (no sé si tu intuición es correcta), qué título sugerirías sabiendo que quiero cambiarlo.

El título en holandés, De Cirkel, llama a la asociación De Cirkel is Rond, o sea, es redonda, que es un dicho que significa, más o menos: la historia volvió a algo que lo inició o arrancó.

Otra asociación es "in een kringetje rondlopen", que significa algo como: volver al comienzo sin que se haya soluciona nada.

Hay más asociaciones, lo que no quiere decir que sea un buen título.

Un abrazo

5:07 AM  
Blogger giovanni said...

Otro título podría ser:

Il miracolo (El milagro)

Het onbewuste verlangen (hmm, suena un poco pesado y terapeutico, y me gusta lo liviano, lo ligerito)

Het verlangen (El deseo) (Hmm, no es muy original, y troppo comercial... no me gusta)

5:12 AM  
Blogger Elvira said...

Me gusta, Giovanni. Te he mandado algunas sugerencias, aunque no sé si vale la pena, porque Jesús lo hace mejor que nadie.

Besos

6:08 AM  
Blogger giovanni said...

He aplicado tus sugerencias, Elvira. Gracias!

No me vas a creer, pero no fue tanto yo quien hizo la traducción sino Google! Su traducción era:

Abuelo Claudio era un hombre alto, tranquilo, con el pelo rizado de color gris en las sienes, una voz profunda y sonora y una mirada ligeramente burlona. Tiene un trabajo ocupados en La Haya, y cuando llega a casa, por lo general en su oficina. Usted tiene que llamar a la puerta si quieres entrar, pero Claudio no lo hace y su abuelo no parece importarle. Los niños vecinos son un poco de miedo de él, no a Claudio.
A veces se oye la música de la habitación de su abuelo, con una orquesta por encima de ellos una agradable voz masculina de alta. Como Claudio en sus dedos del pie se arrastra, que ve a su abuelo en el sofá, bajo la ventana de cristal, los ojos cerrados, escuchando el gramófono al lado de él. Él cree que su abuelo no se ve diferente: más joven y menos digna. Más tarde se entera de que su abuelo feliz en su sala de trabajo de canciones napolitanas escuchado Enrico Caruso.

6:31 AM  
Blogger Aquí me quedaré... said...

Menos que más, por supuesto.

Es muy difícil, para mí, sin conocer la obra, buscar un título para una novela. No sé escribir y además sería una osadía por mi parte por lo anteriormente expuesto. Por desconocimiento.

No sé si elegiste el título antes, durante o después de escribir la obra o si brotó en un determinado momento. Es importante. En mi caso y en dramaturgia, el nombre siempre fluye y la mayoría de las veces nada tiene que ver con la trama. Me gusta y ya está
Círculo no me gusta por dar sensación de asfixia, de cerrado. No corre el aíre, no transpira. No llama la atención. Es anodino y tú no lo eres o no me lo parece.
No debes olvidar que es una opinión personal, la mía, con poco valor y mucha simpatía y afecto.
Como acabo de llegar del Sahara y ando un poco más descolocada de lo habitual. Dejaré pasar unos días y entre los nombres que haya y alguno que, leyendo lo que vaya poniendo, se me pueda ocurrir, te diría algo.
Aunque estoy casi segura que entre las cientos de palabras del texto, está el título.
Y ahora me queda una pregunta ¿Porqué deseas cambiarlo?
Puedes contestar, no contestar o enviarme una patada en la espinilla por curiosa :)

Perdón por alargarme y decir lo que pienso. Dar la razón por agradar y que me quieran mucho, no va conmigo. Si me das la patada que me envíe de nuevo al Sahara, por favor :):)

Un beso

12:46 PM  
Blogger giovanni said...

"da sensación de asfixia, de cerrado. No corre el aíre, no transpira. No llama la atención. Es anodino..."

Me convenciste de que no es un buen título, Aquí.

Qué te parece "El Milagro"?

Comprendo tu deseo de volver al Sahara, pero no voy a darte la patada. En cambio te agradezco por haberte alargada y espero lo hagas otra vez cuando te surge un título atractivo.

Un beso

8:31 PM  
Blogger Jesús Miramón said...

Estoy en ello, Giovanni, pero no he tenido tiempo. Esta tarde noche intentaré aportar mi propuesta de los dos textos (me lo paso muy bien haciéndolo, no es ningún sacrificio).

Un abrazo.

:-)

4:34 AM  
Blogger Jesús Miramón said...

El abuelo de Claudio es un hombre alto, tranquilo, con el cabello de las sienes gris y rizado, una voz profunda y la mirada ligeramente burlona. Tiene un trabajo exigente en La Haya y cuando vuelve a casa suele recluirse en su despacho. Si quieres acceder a él es imprescindible llamar a la puerta, pero a su abuelo no parece importarle cuando se trata de Claudio.

A veces se oye música en el despacho de su abuelo: una orquesta y sobre ella una agradable voz de tenor. Cuando Claudio entra la habitación de puntillas sorprende a su abuelo en el sofá, bajo la vidriera, escuchando con los ojos cerrados el gramófono que gira a su lado. Él piensa que su abuelo se ve diferente, más joven*. Más tarde se enterará de que a su abuelo le encantaba escuchar en la tranquilidad de su cuarto canciones napolitanas interpretadas por Enrico Caruso.

Poco antes de la Primera Guerra Mundial su abuelo se había casado con Elena, la hija de un médio italiano de Nápoles. Tuvieron seis hijos. Elena moriría durante la Segunda Guerra Mundial y, aunque el abuelo de Claudio pensaba a menudo en ella, un año después volvía a casarse con una ex maestra de ballet amiga de su esposa fallecida. Claudio no reconocía en aquella mujer a su abuela, incluso su voz le resultaba extraña. Una vez le había sentado en su regazo y el niño se había sentido incómodo. Su nombre era Enriqueta pero siempre se le llamó tía Etta.

Delante de la casa blanca tía Etta está esperando la llegada del coche, y cuando lo ve venir saluda a los niños. Claudio es el primero en salir, abre la puerta de su hermana y la toma de la mano. Tía Etta se acerca y le pregunta a la niña: "¿Quieres darme la otra mano?"

Mientras el abuelo de Claudio guarda el Buick en el garaje los dos niños van a la cocina con tía Etta. Allí les esperan dos vasos de limonada, uno con una pajita de color azul y otro con una pajita de color rojo. Claudio elige el vaso con la pajita roja y sobre la limonada a pequeños sorbos. Cuando ha apurado las últimas gotas de la limonada tía Etta le pregunta si quiere conocer la habitación donde los dos hermanitos dormirán los días venideros. A través de una amplia escalera de madera y después un largo pasillo de azulejos de color anaranjado llegan al dormitorio de invitados adornado con cortinas de flores. Claudio ya ha dormido allí antes. El niño suelta su bolsa en el suelo y mira a su alrededor. A través de una de las dos ventanas reconoce el huerto con sus veinticuatro manzanos, el verano pasado él los contó en compañía de su abuelo; a través de la otra ventana vislumbra un tren en la lejanía. En la pared de la izquierda, junto a la puerta, está colgada la misma ilustración de siempre, una nave de color azul oscuro y unas grullas blancas**. En el baúl que hay debajo de una de las ventanas están los cómics.

"Traje algunos libros nuevos del ático", le dice tía Etta, "¿quieres que te lea uno esta noche?".

Sí, eso quiere.

La casa y el jardín de su abuelo son muy grandes. Delante de la casa se yerguen unos altos rododendros entre los cuales Claudio juega al escondite. A la derecha hay un jardín de flores exuberantes, allí es donde su abuelo hace de jardinero durante los fines de semana. Entre la casa y el garaje, situado a la izquierda, se levanta la pared que esconde un huerto con una gran extensión de fresas. Detrás de la casa están los cerezos, los perales y los manzanos. Más allá comienza el bosque salvaje.

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* No he entendido qué querías expresar aquí: "más joven y menos gentil".
** Tampoco he comprendido bien qué es la placa (¿un cuadro?) de la nave (¿un barco?).

Un abrazo.

12:46 PM  
Blogger José Luis Ríos Gabás said...

Me gusta, y también me gusta la evolución del texto, es muy interesante, la verdad. Tengo un gramófono que funciona. Más o menos. Con discos y todo.

Un abrazo

12:04 PM  

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